Durante muchas generaciones la forma de vivir permaneció inalterable para la gente humilde, para los moradores de los pueblos de la Gallaecia.

  Se heredaban las casas, los aperos, las costumbres...

  Las casas de piedra y barro, pizarra, teja y techo de paja de centeno, las vigas de roble eterno, de pino, los caminos que vieron los romanos fueron los mismos…

  Las labores del campo, los aperos, los ganados, las creencias, las supersticiones, los ritos, las envidias y las formas de vivir permanecieron casi inalterables.

  Aquella vida crió a nuestros abuelos y amamantó a nuestros padres.

  Emigró. Cruzó el mar.

  Se fue a Madrid...

  Hoy no valoramos lo que tenemos y olvidamos nuestro pasado, el sudor y la miseria de nuestros abuelos.

  A través de nuestros cuentos tratamos de revivir aquellos años y no perder así nuestro valioso acervo.

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¡Ay, mi guisado!
El sapito y la Luna
Los cebollos
La guadaña
Parámetros
Este mosquito